volviste a estar,
me estremeciste el alma,
me hiciste sudar el cuerpo
y la mente.
Segundos interminables
viéndote como por primera vez,
tú rompiéndome la piel
con una mirada
y yo, abrazándote a distancia.
Eres quien me desnuda el alma,
quien me arranca el corazón
con una sola palabra;
con una sola acción.
Te miré otra vez
y ya no sentí mi cuerpo,
más bien sentí el tuyo
y pude escuchar una melodía
algo acelerante y rítmica;
melodía que me golpeaba el pecho
y se transformó
en el único sonido audible
en aquel momento
de silencio eterno y ansias.
El tiempo contigo
parecía de mentira
y a ratos,
en tu ausencia,
hasta dudé de tu existencia…
Para mi bien
y para el tuyo,
espero que nuestro enemigo
el tiempo,
tenga piedad
de tu alma y la mía
y que el fuego que sentimos
logre apagarse,
antes de que sean
nuestras propias llamas
las que nos terminen
consumiendo.
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