tendría que decirle que me gusta, que sin sus ojos opacos, llenos de abismos congelados me volvería un poco loco.
Transtornado por la falta de convulsiones hipnóticas a los que soy expuesto con su presencia.
Tendría que decirle que los días han quedado en caras inexpresivas desde que sus brazos se mudaron de habitación a la contigua, en donde no alcanzo a percibir su olor.
Sí, debería decirle que cuando su voz sonaba entre risas, mis latidos corrían (si es que pueden hacerlo) y soñaban con sus suspiros en mi oído.
Porque tener su cuerpo cerca era la fina esperanza que la vida me ponía para despertar a los días.
Era la ilusión de tocar su cabello y reír con su mano torpe que buscaba tocarme sin hacerlo.
No sé, tal vez tendría que decirle: “oye, en verdad me gustas”.
Pero si acaso llegara a hacerlo y dejara de gustarme, rompiéndome el corazón, rompiéndole el corazón y llenándonos de adioses…
¿Qué caso tendría llenarle de flores el alma por un segundo, si he de arrancarlas al siguiente?
Transtornado por la falta de convulsiones hipnóticas a los que soy expuesto con su presencia.
Tendría que decirle que los días han quedado en caras inexpresivas desde que sus brazos se mudaron de habitación a la contigua, en donde no alcanzo a percibir su olor.
Sí, debería decirle que cuando su voz sonaba entre risas, mis latidos corrían (si es que pueden hacerlo) y soñaban con sus suspiros en mi oído.
Porque tener su cuerpo cerca era la fina esperanza que la vida me ponía para despertar a los días.
Era la ilusión de tocar su cabello y reír con su mano torpe que buscaba tocarme sin hacerlo.
No sé, tal vez tendría que decirle: “oye, en verdad me gustas”.
Pero si acaso llegara a hacerlo y dejara de gustarme, rompiéndome el corazón, rompiéndole el corazón y llenándonos de adioses…
¿Qué caso tendría llenarle de flores el alma por un segundo, si he de arrancarlas al siguiente?
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